YENY CASANUEVA, ARTISTA CUBANA CONTEMPORANEA, ARTE CUBANO CONTEMPORANEO

La semejanza entre perder el tiempo y considerarlo como no perdido

Proyecto Circuito Cerrado-VIII Bienal de La Habana
Intervención en las escaleras de la Biblioteca Nacional José Martí, La Habana, Cuba. 2003
Work in progress. Escritura automática sobre las paredes durante una semana. Dimensiones variables.


Sobre LA SEMEJANZA ENTRE PERDER EL TIEMPO Y CONSIDERARLO COMO NO PERDIDO.
Intervención en el marco del proyecto CIRCUITO CERRADO.

Este proyecto es un registro de pensamientos, que, a través de la palabra escrita, son llevados a la dimensión de un espacio real, - en este caso las paredes de la Biblioteca Nacional José Martí de La Habana, Cuba-. El carácter procesual de la obra, desarrollado en un área que resultaba ser un espacio de tránsito -las escaleras que conectan los tres pisos y el sótano del edificio- devino en acción performática al interactuar con el público asistente, forzado a la lectura de mis respuestas a sus preguntas, que iba redactando directamente sobre la pared.
Seguir leyendo El texto iba cubriendo las formas de la arquitectura durante el proceso de montaje del proyecto de exhibición Circuito Cerrado, que se desarrolló en torno a la obra, a modo de intervenciones realizadas por otros artistas en los distintos salones, y en la galería; con lo cual iban quedando reflejados mis comentarios, respuestas, reflexiones e interacción en sentido general sobre las paredes de las escaleras, en forma de registro también de otros procesos circundantes, mediante la sucesión de la escritura en el tiempo, que tuvo lugar durante una semana, quedando plasmados elementos de la experiencia de manera inmediata a los sucesos, o incluso formando parte de los mismos e interviniendo en la realidad.

En este sentido la obra adquirió un nuevo carácter, puesto que anteriormente había realizado la misma acción en las paredes de mi estudio en una de las cúpulas del Instituto Superior de Arte, donde el hecho de experimentar la escritura de mis propios pensamientos sobre las paredes había comenzado por representar para mi, un ejercicio de resistencia ante el bloqueo creativo. Un ejercicio que podría encontrar sus referentes más cercanos en el mito griego: “El Rey Midas tiene orejas de burro”, donde el peluquero del rey no consigue guardar un secreto, y decide susurrárlo en un agujero de arena, que con el tiempo propaga el sonido y termina siendo su perdición.

De la misma manera la necesidad de convertir el eco de mis pensamientos en palabras escritas directamente en la arquitectura del espacio que me rodeaba, representaba para mi de cierta forma una manera de “perder el tiempo”, y sin embargo una acción que una vez comenzada no podría resistirse a continuar como un eco.

Más tarde, ante la posibilidad de realizarla en un espacio público, adquirió necesariamente un carácter interactivo, replanteando las bases de la escritura en forma de intervención sobre el suceso real…



Palabras de presentación
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Curaduría: Sandra Sosa

Cuando somos niños, el infierno es nada más que el nombre del diablo puesto en la boca de nuestros padres. Después esa noción se complica, y entonces nos revolcamos en el lecho de las interminables noches de la adolescencia, tratando de apagar las llamas que nos queman- ¡las llamas de la imaginación!
Seguir leyendo Más tarde cuando ya no nos miramos en los espejos porque nuestras caras empiezan a parecerse a la del diablo, la noción del infierno se resuelve en un temor intelectual, de manera que para escapar a tanta angustia nos ponemos a describirlo. Ya en la vejez, el infierno se encuentra tan a mano que lo aceptamos como un mal necesario y hasta dejamos ver nuestra ansiedad por sufrirlo. Más tarde aún (y ahora sí estamos en sus llamas), mientras nos quemamos, empezamos a entrever que acaso podríamos aclimatarnos. Pasados mil años, un diablo nos pregunta con cara de circunstancia si sufrimos todavía. Le contestamos que la parte de rutina es mucho mayor que la de sufrimiento. Por fin llega el día en que podríamos abandonar el infierno, pero enérgicamente rechazamos tal ofrecimiento, pues, ¿Quién renuncia a una querida costumbre?

Virgilio Piñera. 1946


La semejanza entre perder el tiempo y considerarlo como no perdido

Galería fotográfica:


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